Querido Teo:
Curiosa la evolución de David O. Russell. De ser considerado un mequetrefe tiránico y con ínfulas, que convertía los rodajes en un infierno, a alcanzar un estatus frente a los actores (más que nada interesado) de ser el mejor director con el que aliarse a la hora de estar presente en los premios. Y es que nada parecía poder indicar que el vacío y hitleriano director de cintas como “Tres reyes” o “Extrañas coincidencias” iba a tomarse un hiato que desembocaría en una actividad febril con tres películas en cuatro años que no han hecho más que reportarle candidaturas consecutivas al Oscar en película y director, así como consiguiendo 3 Oscar y 11 nominaciones para sus actores. No sabemos si habrá ido a un psicólogo para controlar sus ataques de ira furibunda y sus malas formas, pero O. Russell se ha transformado, nos guste o no, en un notable director de actores, más allá de la calidad de sus películas, y todo el mundo desea trabajar con él en Hollywood.