"No hay amor perdido"
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El argumento: Étienne apenas tenía veinte años cuando se enamoró de Valérie, y apenas uno más cuando nació su hija Rosa. El día que Valérie los abandona, Étienne decide no dramatizarlo. Étienne y Rosa están construyendo una vida feliz. Dieciséis años después, cuando Rosa está a punto de irse a estudiar fuera y vivir su propia vida, Étienne reconoce a su esposa en un reportaje de televisión. El pasado resurge brutalmente y, padre e hija, se ven impulsados a un último y caótico viaje familiar.
Conviene ver: “No hay amor perdido” es un drama paternofilial de búsqueda y aceptación cuando un joven padre, que ha tenido que sacar adelante a su hija, descubre a la mujer y madre que les abandonó en un reportaje televisivo justo cuando su hija está viviendo el primer amor y se prepara para volar del nido familiar debido a sus estudios. Una relación entre padre e hija narrada de manera sensible y honesta pero profunda sin caer en la sensiblería y logrando transmitir, a pesar de su ligereza cotidiana, todo el amor y sacrificio profesado a lo largo de ese tiempo que les ha obligado además a madurar por adelantado. Él, apasionado del fútbol, ella, de la pintura, pero sobre todo personas que se han tenido el uno al otro y han aprendido tropezándose y levantándose en un camino marcado por el abandono y cierta ingenuidad propia de la juventud que les ha hecho transcurrir las distintas etapas vitales que han tenido a lo largo de 17 años. Todo ello sobre un dolor que sufre el protagonista que no ha desaparecido y que se reaviva cuando esa mujer que tanto significó en su momento vuelve a aparecer en sus vidas desde su ausencia sin poder predecir las consecuencias que tendrá reavivar todo aquello.
“No hay amor perdido” abraza por momentos el cine de François Truffaut y por otros el surrealismo vitalista, fresco e “indie” de Michel Gondry por una reconstrucción nostálgica de aquello que no pudo ser apoyándose en una dirección milimétrica y llena de significado en cada decisión formal, encuadre o uso del color por parte del realizador Erwan Le Duc. Un cóctel de géneros satisfactorio y sentido que suena auténtico a pesar de ciertas imposturas por el hecho de mostrar que en la vida no hay blancos y negros, ni buenos ni malos, sino todo es un continuo gris entre momentos de alegría, tristeza y la toma de decisiones que pueden ser más o menos acertadas pero que no se pueden enjuiciar con los ojos del presente. Estupenda pareja de baile la formada por Nahuel Pérez Biscayart y la joven Céleste Brunnquell en una historia tan luminosa como amarga, ligera pero sin ocultar la dureza de su fondo, sobre esos sinsabores de la vida que se padecen cogidos de la mano de quien más quieres intentando siempre hacerlo lo mejor posible.
Conviene saber: Película de clausura en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2023 y nominación en los César 2024 a la mejor actriz revelación.
La crítica le da un SIETE