Conexión Oscar 2025: Kieran Culkin, el caos magnético de un espíritu libre en la industria
Querido Teo:
Tras más de treinta premios de la crítica (entre ellos el tridente formado por Los Ángeles, Nueva York y la NSFC) y el póker completo previo al Oscar (Globos de Oro, Critics’Choice, Bafta y SAG) si hay un Oscar que parece cerrado para este domingo ese no es otro que el de Kieran Culkin. Un tipo que a base de carisma, nervio y una irrefrenable energía actoral se ha metido a la industria en el bolsillo tras alcanzar el magisterio actoral refrendado con todos los premios cosechados por la última temporada de "Succession" (2018-2023). Es verdad que el fraude de categoría y las similitudes de su primo Benji de "A real pain" con el Roman Roy que le valió el Emmy pesan sobre su candidatura pero en ningún momento han terminado amenazando un Oscar al que ni él mismo parecía destinado debido a una profesión actoral con la que ha reconocido mantener más de una vez una relación de amor y odio. Una ambivalencia que le ha hecho respetar mucho su trabajo pero, por otro lado, alejarse del servilismo de la industria pasando a ser (quizá sin pretenderlo) uno de los actores de nuestro tiempo.
El aire juvenil y despreocupado de Kieran Culkin contrasta con el hecho de que buena parte de los recuerdos cinéfilos de una generación lo tienen a él presente. Quizá como una presencia anecdótica pero es que desde pequeño Culkin tuvo magnetismo para la pantalla. Algo de lo que se aprovecharon en su hogar familiar. Su padre, Kit Culkin, fue un eterno aspirante teatral del montón, mientras que su madre, Patricia Brentrup, era recepcionista en una agencia de casting.
Un entorno propicio para que, ante las dificultades económicas, el ego narcisista del progenitor y el estar en contacto con un mundo tan hechizante como cruel, llevara a que el padre decidiera explotar profesionalmente a sus retoños y vivir de ellos.
El que se llevó la palma en esos años fue Macaulay Culkin que con su aire angelical pero despierto se convirtió en estrella en “Solo en casa” (1990). Allí estaba ya el Kieran Culkin de 8 años como el insoportable y meón primo Fuller cuando ni él mismo era consciente de lo que implicaba actuar. Y es que años después reconocería que no sabía que su hermano Macaulay era la estrella de la película hasta que asistió a la premiere de la misma.
Macaulay Culkin se convirtió en una figura muy importante en el Hollywood de los primeros 90 siendo uno de los más solicitados del momento. Consiguió la nominación al Globo de Oro por “Solo en casa” y batió el récord de salario para un actor infantil con los 10 millones de dólares recibidos por “Niño rico” (1994).
La separación de sus padres en 1995 peleando no sólo por la custodia de los hijos sino por el patrimonio de la estrella infantil llenó todos los papeles de Hollywood truncando la carrera y también la estabilidad de una familia que asistía a como el hermano mayor era la joya más preciada entre artimañas legales y juegos psicológicos.
Kit Culkin terminaría cediendo a su mujer el control del dinero de su hijo en 1997 pero la llegada de la adolescencia y el hastío de Macaulay tras esta situación (que pelearía frente a sus padres por eliminarlos de todo control financiero sobre sus cuentas) no hicieron más que certificar el carácter de juguete roto fruto de la codicia y la explotación de aquellos que tienen a sus hijos como instrumento desesperado para superar sus frustraciones vitales.
Quizá los terrenos que pisó su hermano mayor fueran un aviso a navegantes para un Kieran que, sin abandonar ese aire de caos y reverencia, sí que pudiera sortear los peligros de la fama adoptando un perfil más responsable y crítico con la profesión cuando empezó a tener conciencia de la misma y, afortunadamente para él, no estando tan situado bajo el foco de un padre que estaba demasiado preocupado intentando sacar toda la tajada posible del éxito en los 90 del primogénito.
Kieran Culkin repetiría de nuevo junto a su hermano en “Yo, tú y mamá” (1991) y en “Solo en casa: Perdido en Nueva York” (1992) además de ser el Matty Banks de las dos entregas de “El padre de la novia” en 1992 y 1995 en la versión protagonizada por Steve Martin, Diane Keaton y Martin Short. También sería protegido por Jean-Claude Van Damme en “Sin escape (Ganar o morir)” (1993) formando parte también de la comedia negra “Sucede en las mejores familias” (1994).
Su periplo infantil continuaría con “Amanda” (1996), dando vida a un niño que tras un accidente cultiva miedo a los caballos hasta que termina afrontando esa adversidad, y sobre todo “Un mundo a su medida” (1998), cinta protagonizada por Sharon Stone en la que interpretaba a un crío marginado que con labia e ingenio saca a otro del atolladero de la asocialidad.
Después vendrían “Alguien como tú” (1999), sería uno de los hijos de Meryl Streep en “Música del corazón” (1999) y también el rostro de Buster, uno de los huérfanos abandonados de “Las normas de la casa de la sidra” (1999). El momento, espontáneo o no, en el que cae sobre la nieve tras correr emocionado por volver a ver a Homer Wells (Tobey Maguire) en su regreso a casa, y con la música de Rachel Portman de fondo, es una de las escenas que no se olvidan de la obra cumbre de Lasse Hallström.
Llegaba un momento de inflexión para Kieran Culkin en el final de la década. En plena adolescencia y teniendo que huir de la sombra de un hermano más presente en aquellos años en la prensa morbosa que en la cinematográfica, formó parte de “La peligrosa vida de los altar boys” (2002) y dio visos de todo lo que podía ser capaz en “La gran caída de Igby” (2002).
Una cinta en la que daba vida a un joven y rebelde adolescente que crece en una familia desastrosa, compuesta por un padre esquizofrénico, una madre egoísta y distante y un hermano mayor de extremas ideas políticas. No obstante eso no le hacía abandonar la idea de que hay un mundo mejor allí fuera emprendiendo un camino que hizo que se acuñara a su personaje como el Holden Cautfield “millennial”. Divertida, incómoda y transgresora todos los parabienes se centraron en un Culkin que conseguiría la nominación al Globo de Oro.
A partir de ahí un momento en la vida de crisis existencial y de valorar que es lo que realmente uno quiere, más cuando el actuar ya ha dejado de ser un juego y tiene que convertirse en una profesión. Una profesión asociada a las vivencias y a la presión de un hogar familiar que la usaron de manera mercantilista arrasando con la estabilidad y la infancia feliz que todo niño se merece. ¿Valía la pena continuar?
La maldición se cernía sobre la familia ya que su hermanastra Jennifer Adamson, hija fruto de una relación anterior de su padre, falleció por sobredosis en el año 2000. En 2008, uno de los momentos que más han marcado al Kieran Culkin adulto no es otro que la muerte de su hermana Dakota, atropellada por un coche en Los Ángeles.
Volvería al cine escoltando a su hermano Rory Culkin en “Lymelife” (2008), propuesta “indie” de inadaptación y rencillas familiares, pasando después a “Paper man” (2009) y a “Scott Pilgrim contra el mundo” (2010), título de culto para el universo “friki” volviendo a ejercer de robaescenas como escudero del personaje de Michael Cera.
"Margaret" (2011) le hizo ser dirigido por Kenneth Lonergan, uno de sus grandes validadores en la industria. Cera y Culkin protagonizarían la obra de teatro “This is our youth” en 2014 y de ahí viene también la especial relación que mantiene con J. Smith-Cameron, mujer de Kenneth Lonergan y actriz que daba vida a Gerry en “Succession” estableciendo una singular relación que los guionistas potenciaron ante el juego espontáneo entre ambos intérpretes.
Era el desencadenante de lo que ocurría en la segunda temporada de "Fargo" (2015) apareciendo sólo en dos capítulos y seguramente habiéndose robado la temporada si hubiera salido más. También estuvo en las singulares cintas “Wiener-dog” (2016) e “Infinity baby” (2017). También se lo cargaban demasiado pronto en “Sin movimientos bruscos” (2020) de Steven Soderbergh.
Es ahí cuando llegamos a “Succession” (2018-2023), una de las mejores series de todos los tiempos y el que ha sido un ejercicio shakesperiano tanto en temática como a la hora de dar rienda suelta al potencial de todos los actores que han participado en ella. Propuesto inicialmente para el personaje del primo Greg, sobre el guión no tardó Culkin en interesarse por Roman. Tras enviarle unos vídeos a Jesse Armstrong, creador de la serie, no tardó en hacerse con el papel.
Roman Roy fue creciendo temporada a temporada y mientras la misma ganaba un gran personaje el propio Culkin encontró la reafirmación definitiva de su vocación convirtiendo en arte no sólo la conjunción de talento sino también la capacidad de la improvisación. Roman es el prototipo hijo de rico, caprichoso que sólo es un niño malcriado que se encuentra perdido cuando no encuentra la validación de su padre viviendo de su sombra pero también siendo víctima para siempre de ello al no haber podido construir su propio futuro y que camufla en una frivolidad superficial su soledad, frustración y desamparo.
Sólo la escena del funeral en el 4x09 demuestra el calibre actoral del que es sin duda uno de los mejores intérpretes de su generación y que con “Succession” (más allá del Globo de Oro y Emmy conseguido por la última temporada de la serie) ha conseguido el “cum laude”.
Kieran Culkin ejerce de padre modelo de dos hijos pequeños fruto de su relación con su mujer Jazz Charton, londinsense publicista de profesión con la que se casó en 2013 tras conocerse en un bar de Nueva York el año anterior, construyendo para ellos una infancia muy distinta a la que él vivió y anteponiéndolo a su carrera.
Es por ello que a punto estuvo de no aceptar “A real pain” a dos semanas del inicio del rodaje en Polonia siendo convencido por Emma Stone (productora de la cinta y con la que mantiene una muy buena relación desde que fueran pareja entre 2010 y 2011) después de que ésta le dijera que lo entendía pero que sin él no se haría la película. ¿El motivo? El no querer estar lejos de sus hijos y poder dedicar tiempo a su familia tras “Succession”.
Culkin y Stone pasaron de actuar juntos a ser novios, de romper a ser buenos amigos y de ser la productora de "A real pain" a convencerle de que tenía que hacer la cinta que hacer ya que sin él la misma no se haría, viajando incluso a Polonia y ejerciendo de niñera de los hijos de Culkin.
“A real pain” ha terminado siendo un golpe del destino que le puede convertir en el primer actor de reparto (desde Christopher Plummer en 2012) que se hace con el Oscar sin necesidad de que la película esté entre las nominadas. Es tal la fuerza que contagia en la película que, a pesar de sus manierismos y un torbellino que nutre al personaje pasando de ser odioso a despertar ternura, estamos ante un Oscar que ha logrado ser incontestable a pesar del buen nivel de los contendientes.
Kieran Culkin fue propuesto para el papel por Hallie, la hermana de Jesse Eisenberg, ya que el actor de “La red social” (que ha abordado con esta su segunda película detrás de las cámaras) nunca le había visto en ningún trabajo más allá de “Solo en casa”. Son los nuevos tiempos para una generación de nombres que parten de la cotidianidad natural y de la espontaneidad para arrebatar con el calado de sus historias alejándose de una preparación medida y calculada.
La carrera al Oscar de Kieran Culkin ha sido intachable destacando algunos momentos memorables como el Actor son Actors de Variety compartido con Colman Domingo o su participación en la mesa de Los Angeles Times reencontrándose con su compañero de “Succession”, un Jeremy Strong que ha seguido un camino paralelo optando ambos a su primer Oscar en la misma categoría.
Frescura, empatía y espontaneidad para un tipo en el que parece hacer fácil lo difícil llegándole ahora un reconocimiento en el que seguro que hay mucho más de trabajo que de suerte a pesar de lo trasluzca. Alguien que ha salido de una infancia tormentosa apoyándose en tres mujeres que siempre aparecen en sus discursos; su madre Patricia, su esposa Jazz y su agente. durante más de tres décadas, Emily Gerson Saines y que siempre puso su nombre cuando nadie lo tenía en la conversación.
“Glengarry Glen Ross” será la manera con la que Kieran Culkin celebrará su Oscar. Su regreso a las tablas de Broadway en una nueva versión del texto de David Mamet en la que aborda el papel de Richard Roma que Al Pacino encarnó en la versión cinematográfica. En 18 meses podría conseguir Emmy, Oscar y Tony. Un logro para alguien que ha encontrado en la familia y el trabajo la cosas que verdaderamente vale la pena tomarse en serio en la vida convirtiéndolo quizás no sólo en mejor actor sino también en una persona feliz.
Nacho Gonzalo