La madurez (y ejemplo de resistencia) de Nicole Kidman
Querido primo Teo:
Nicole Kidman recibió el siglo XXI consagrándose como la mejor actriz de Hollywood, y no es una exageración. Por un lado, encarnaba a la perfección el canon de estrella glamourosa, garantía de publicidad y una de las presencias más elegantes en cualquier alfombra roja; por otro, demostró que no había activado el piloto automático, sino que se sentía especialmente cómoda en manos de los directores más exigentes. Fue nominada al Oscar por el musical "Moulin Rouge" (2001), ganó la estatuilla por encarnar a Virginia Woolf en "Las horas" (2002), sobrevivió al rodaje con Lars Von Trier, el director más sádico en activo, de "Dogville" (2003) y protagonizó "Reencarnación" (2004), de Jonathan Glazer, en la que interpretó a una viuda convencida de haber encontrado a su difunto esposo en un niño de diez años.




