"El Partenón"
El Partenón es uno de esos edificios que el cine ha convertido en un plano mental antes incluso de que sepamos qué estamos viendo. No hace falta que aparezca entero ni que se mencione su nombre: unas columnas dóricas recortadas contra el cielo bastan para situarnos en la Grecia eterna, esa que el cine ha construido a base de péplums, epopeyas históricas y fantasías mitológicas. A menudo ha sido un decorado idealizado, otras una ruina romántica, y muchas veces una recreación imaginaria, pero siempre ha funcionado como símbolo. En la pantalla, el Partenón rara vez es un edificio real: es una idea, una promesa de grandeza, el origen visual de una civilización. Ese uso cinematográfico del monumento explica en parte por qué tendemos a pensar en el Partenón como algo fijo, intocable, congelado en el tiempo, como si fuera un fotograma inmóvil. Sin embargo, su historia es todo lo contrario.
Título: "El Partenón"
Autora: Mary Beard
Editorial: Crítica





